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Resource posted by: La Alianza Global Jus Semper
Created on: June 5, 2012
India es uno de los llamados países BRIC de la economía global. Acrónimo acuñado por la especuladora financiera global Goldman Sachs –actriz clave en la crisis global que estamos lejos de superar– para referirse a Brasil, Rusia, India y China.1 En 2003, esta llamada inversionista institucional, publicó un documento que arguye que, en las siguientes décadas, el crecimiento generado por los grandes países en desarrollo, en especial los BRICs, podría convertirse en una fuerza mundial mucho mayor a lo que hoy tienen. El documento sugiere que, si todo va bien, las economías del BRIC en su conjunto podrían ser mayores que aquellas de EUA, Alemania, Japón, Francia, Italia y el Reino Unido juntas. Como cabe esperar, las cosas no van como se imaginaba, pero, en efecto, el tamaño de estas economías ya las sitúa entre las mayores del mundo.
Con relación al valor real de los salarios manufactureros, la brecha de salario digno hindú no es tan dramática como la china. Sin embargo, como cabría esperar, es todavía una de las peores del mundo, pues exhibe sin ambages su profunda naturaleza de moderno-trabajo-esclavo. Como resultado, la economía hindú, cada vez más desregulada, rápidamente está deviniendo en una fuente muy importante de trabajadores manufactureros de salarios miserables para el sistema darwinista capitalista de las corporaciones globales actuales y de sus inversionistas institucionales. Mientras cada vez más se dice que China está alcanzando el umbral en el que su reserva de fuerza de trabajo excedente comenzaría a declinar, se espera que La India contribuya, durante las siguientes décadas, con una fuente de mano de obra mayor que China para el sector manufacturero. Empero, no hay duda de que esto seguirá sucediendo con salarios reales sumamente magros. Consecuentemente, junto con China, La India continuará ejerciendo una tremenda presión descendente sobre los salarios de las naciones en desarrollo que han fincado su estrategia económica en la tradicional relación centro-periferia, anclada en la oferta de ventajas comparativas. Así las cosas, como argumenta Álvaro de Regil Castilla, el autor de este análisis, desde la perspectiva de la real democracia y de los derechos humanos, esto representa un problema muy complejo para las participaciones laborales de los trabajadores en todo el mundo, pero aún mucho más para aquellos en la periferia del sistema darwinista del capitalismo en el que hemos sido inmersos de forma no democrática.