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Así es como el liderazgo juvenil, transforma comunidades en Colombia

Nataly Erazo

Grupo de chicos y chicas participantes en el proyecto

En el mundo hay dos Argelias, dice Jaqueline, uno es ese país por allá lejos, y el otro es este municipio de Antioquia. Para llegar hay que cruzar el páramo de Sonsón, una extensión de montaña espesa y helada, y aterrizar en un pueblo inclinado, campesino y postal.

Argelia se ubica al extremo de Antioquia, y así, tan distante como figura en el mapa resulta también a la mirada del Gobierno. Aún se habla con recelo del rastro de los grupos armados en la zona, a susurros se menciona la historia, y apenas si se nombra la masacre que ocurrió hace 13 años.

Lejos de la mirada nacional, su pasada alcaldesa armó un castillo personal a costa de los recursos del municipio. Después de muchos fraudes, finalmente fue enviada a prisión. Actualmente, un alcalde nacido y criado “a lo montañero”, como dicen sus habitantes, ha logrado recuperar la perdida confianza del pueblo. El alcalde recibe y atiende citas en su despacho abierto, y decora las instalaciones con burros artesanales confeccionados por él mismo.

Afuera, en la plaza, Jaqueline Rivera también se contagia de los nuevos aires, y con tan solo 15 años y de la mano de sus compañeros de grado noveno, emprende su propia iniciativa. La Fundación Mi Sangre llegó en el año 2016 y sumó a Argelia a los 35 municipios donde ha llegado con su teoría de cambio.

Identificando no solo problemas, si no soluciones

Jóven colombiano junto a un perrito en un pueblo

El proyecto, Jóvenes constructores de una paz territorial, invitó a los “pelados” a mirar su espacio con otros ojos, a identificar los problemas, que es algo bastante usual para todos, pero también, a encontrar y diseñar soluciones, algo que pocos hacen.

Entonces un grupo de unos 40 jóvenes de ese municipio remoto, reconoció que hay una problemática de perros callejeros en su pueblo. Si van a hablar de paz, deben también pensar en los demás, especialmente en “aquellos que no tienen voz”.

Idearon juntos una acción de cambio y la llamaron “Huellas Caninas”, formularon el proyecto, lo presentaron en un panel frente al Alcalde y representantes de organizaciones locales. Finalmente consiguieron recursos y emprendieron la marcha.

Recogieron 11 perros callejeros, los bañaron, vistieron y encontraron en menos de un día un hogar para todos. Los campesinos los llevaron a sus fincas, y regresaron días después para esterilizarlos. Consiguieron también el apoyo de dos veterinarios, y se unieron a la propuesta de construir el primer albergue canino de Argelia.

El matadero municipal o la planta de sacrificios, un escenario dedicado históricamente a arrebatar vidas, será próximamente el refugio de los perros callejeros. El proyecto de acuerdo está en manos del Concejo, y la ONG OMPC (Organismo Mundial de Paz por Colombia) donará la adecuación del espacio.

Un refugio en la pequeña Argelia llamado “Huellas Caninas”, eso es incidencia, eso es liderazgo. Jóvenes que se convierten en agentes de cambio, y en efecto, dejan huella.

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Nataly Erazo

Nataly es parte de la Fundación mi Sangre - Colombia