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5 Razones para hacer voluntariado al menos una vez en la vida

Elena Martín imagen de perfil

Elena Martín

Niños en una clase

El trabajo voluntario está en auge. Creo que esto se debe en parte a la globalización de internet que hace que conseguir un lugar para colaborar esté sólo a un click de distancia, pero más que nada a que los ‘Millennials’ somos una generación de hedonistas que entendió que la vida debe ser exprimida al máximo, y que está intentando revertir las reglas que anteriormente impusieron los Baby Boomers.

Como todo, el tema del voluntariado tiene sus defensores y sus detractores. Una amiga durante mi primer experiencia haciéndolo me hizo leer una nota extensísima sobre cómo éste tipo de trabajo voluntario en cierta medida puede llegar a dañar a las comunidades locales, por ejemplo, con emprendedores que traten de basar todo su equipo en gente trabajando solo a cambio del alojamiento para ahorrarse personal fijo. Esto me dejó pensando por mucho tiempo, sin embargo, hoy después de haberlo hecho ya en varios países puedo decir que es cómo la vida misma: debemos prestar mucha atención antes de abalanzarnos a la primer oportunidad que se nos cruza, hacer un poco de investigación previa (hoy no hay nada que Dios Google no sepa) y comparar varias organizaciones antes de tomar la decisión final.

Es real que actualmente hay un gran mercado detrás de ello, con agencias ofreciendo programas a precios exorbitantes, o incluso websites ofreciendo la conexión con anfitriones por sumas un tanto más módicas. En mi experiencia “argenta al palo” hasta ahora nunca he gastado un centavo en conseguir un lugar dónde colaborar por lo que doy fe de que hay atajos para ello. Claro que conllevan más tiempo y habilidades digitales básicas, pero se puede.

De cualquier manera, es un estilo de colaboración que considero sumamente gratificante y valioso, y éstas son las razones por las cuales, si estás evaluando hacerlo, creo que debes animarte.

1. Es sumamente gratificante a nivel personal

Enumero esta razón primero aunque suene egoísta, porque como seres humanos es bastante improbable que hagamos algo que no nos traiga alguna satisfacción (o al menos dinero) a cambio.

Con el trabajo voluntario se logran niveles de gratificación impensados y por motivos impensados. Aún recuerdo cuando el más revoltoso de los niños con el que trabajaba en Sudáfrica logró copiar en un papel por primera vez todas las letras de su nombre… el moría de alegría mientras yo vitoreaba su logro; esa carita de éxtasis y ese entender que él no era terrible, sino que nadie en su ambiente reconocía jamás sus logros, es algo difícil de borrar de mi memoria.

Imagen de una playa

2. Tiene el poder de cambiar la realidad

Si bien todas mis experiencias hasta ahora fueron trabajando con gente directamente porque es lo que me apasiona, hay muchas oportunidades de trabajo voluntario con organizaciones ecologistas, conservacionistas, con animales, etc.

Cualquiera sea la rama que elijas, y por más básicas o tontas que parezcan las tareas que te toque hacer, vas a estar contribuyendo al mundo, cambiando la realidad, tratando de mejorar alguna situación desfavorable, disminuyendo alguna brecha que separa a ese sujeto de sus derechos. Y eso no tiene precio.

3. Las actividades a realizar (casi siempre) son muy fáciles

Escucho a mucha gente que me dice “yo no podría porque yo no sé…(ponga aquí cualquier habilidad que le falte)” o “¿y si no soy bueno haciendo tal o cual cosa?”, de hecho yo también tenía los mismos miedos antes de hacerlo por primera vez pero la realidad es que la mayoría de la gente con la que vas a trabajar está muy lejos de juzgarte, ellos tienen necesidades mucho más básicas que cubrir antes de que preocuparte por cómo sos o cómo haces las cosas.

Esas necesidades básicas pueden ser suplidas más fácilmente de lo que uno cree, ya que la mayoría de las veces la ONG con la que trabajes se va a encargar de darles la comida o el abrigo que les falte, y parte de tu tarea va a ser brindar cariño y atención, y eso sale naturalmente.

4. Vas a conocer lugares y culturas apasionantes

Niños en una escuela escribiendo

Por Agustina Ardisana (Bloguera, viajera y emprendedor)

Ya sea que elijas hacerlo en tu país o en el exterior, te vas a enfrentar a realidades que son muy diferentes a las tuyas, eso expande horizontes mentales, permite un entendimiento más profundo de las realidades y como siempre digo, con el entendimiento llega la tolerancia y con ella el amor.

Si para hacerlo te vas a mover territorialmente, la ganancia se incrementa exponencialmente. Viajar es mi pasión y al estar en un lugar nuevo casi que puedo escuchar a mi cerebro alerta, trabajando al máximo todo el tiempo, absorbiendo y procesando todos los nuevos estímulos que se le presentan. Eso es lo que la ciencia explica como “formar nuevos circuitos mentales” y yo interpreto como sentirme totalmente viva.

Eso es ganancia pura para el voluntario, pero también para los locales con los que trabajes o a los que estés ayudando, ellos te van a bombardear de preguntas y tus respuestas van a hacerlos sentir que viajan también. Justamente hace unos días volví a ver los videos que filmé en Kenia, en el hogar de niños en el que estaba colaborando y me daban mucha risa las preguntas de los nenes, tales como ¿Cuál es tu idioma? O ¿Por qué no conoces el ugali(*)?¿Ustedes que comen? ¿Adónde vas al baño mientras viajas en avión a tu casa?…seguramente las preguntas que yo les hacía a ellos les sonaban igual de básicas, y eso es lo maravilloso del intercambio.

(*) Ugali es un plato que se extiende a lo largo de Este de África y es considerado un alimento básico de esta zona.

5. Vas a tener el poder de difundir la palabra

Cuando vuelvas a casa tu trabajo no habrá terminado. Ahora empieza la otra parte, la de “vivir para contarla”. Ahora es cuando está en tus manos hablarlo con cuantas personas puedas, compartir tus fotos y experiencias en las redes, estimular a tus círculos a abrirse a esta nueva experiencia y es seguro que al menos una persona que conoces se va a entusiasmar con la idea, lo cual es todo un logro.

Para mí, lo que iba a ser una experiencia de unos meses se está transformando en un estilo de vida, al punto de haberlo lanzado mi primer proyecto de recaudación de fondos colectivos para poder seguir con ésta labor. Éste es el link, podés colaborar económicamente o incluso sólo difundiendo el proyecto.

Pero no todo es color de rosas, claro. Lo más probable es que vuelvas cambiado, que ya no puedas reinsertarte en tu vida tal y como era, que ya no quieras siquiera rodearte de la misma gente que solías frecuentar; vos decidirás si valdrá la pena. Yo te avisé.

Esta entrada fue publicada originalmente en el blog Viajera Indómita.

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Elena Martín

Redactora y editora del blog de Idealistas.org. Modero la comunidad de usuarios de sitio en español y trabajo para hacer de Idealistas.org la web de referencia para todos los que quieren aportar su granito de arena al cambio.