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Comedor de Barrancas: lo que es posible uniendo esfuerzos

Daniela Rosito imagen de perfil

Daniela Rosito

niños y niñas en el comedor
Imagen cedida por Daniela Rosito

Ovidio dijo alguna vez que por su constancia la gota abre la piedra. El Comedor de Barrancas de Belgrano es un ejemplo de constancia y perseverancia por mejorar una realidad social innegable en Argentina. Nació aproximadamente en Junio del año 2002 y el único que ha sostenido su funcionamiento a lo largo de estos años es Carlos Durañona: “Respecto a los orígenes debo decir que nació producto de la decisión de la Asamblea del Bajo Belgrano tomada a principios de año 2002. Esa Asamblea, en la que yo militaba, servía la cena los días lunes. Los jueves estaba atendido por dos chicas solas que se veían superadas por la cantidad de gente y me pidieron ayuda y allí acudí. En el momento en plena crisis llegaban a pedir ayuda y a alimentarse más de 300 personas. En este momento concurren aproximadamente 100 personas cada jueves a la olla y desde el año pasado comenzamos con una actividad de apoyo escolar, dos horas previas al comedor, al que concurren entre diez y quince chicos, algunos en forma estable y otros van rotando. A veces organizamos algunas salidas los fines de semana, como ir a ver alguna obra de teatro, visita al zoológico, entre otras actividades”. Carlos contó que a lo largo del tiempo tuvo 102 colaboradores, que hubo momentos en que estuvo completamente solo pero nunca bajó los brazos.

Uniendo esfuerzos

Los colaboradores de este comedor creen que hay un grave problema social en Argentina, ya que la educación ha decaído abruptamente y esto afecta tanto a la formación laboral como a la salud y la economía. El Comedor cuenta con un grupo que se dedica a promocionar posibilidades laborales, entre ellas algunas propuestas por el gobierno. Además, han conseguido que en campañas de documentación algunas de las personas concurrentes al comedor hayan accedido en forma gratuita a su DNI. También intentaron hacer un nexo con el hospital zonal, ya que muchas personas carenciadas o en situación de calle creen no tener derecho a atención o tienen miedo de acercarse, ya sea porque no saben manejarse dentro del hospital, no entienden o inclusive sufren maltrato por parte de los empleados administrativos, enfermeros o médicos.

Los colaboradores nos comentan: “En este sentido somos como procesadores de información, la digerimos y hacemos que sea asimilable e intentamos que la información disponible llegue a su destino, ya que nos hemos dado cuenta que muchas de la acciones encaradas por el estado, no son debidamente promovidas al sector destinatario”. Por otra parte, con la ayuda de la Organización “Leamos un libro” el desafío de este año es que los chicos se acerquen a los libros. Muchos de ellos no están escolarizados por eso se desarrolló una actividad con la intención de que puedan ampliar su vocabulario, mejorar su forma de expresarse y comunicarse, y sentir la necesidad de leer un libro.

Con este tipo de iniciativa, sin duda, son muchos los que se benefician: “Al ayudar a estos hermanos, también nos ayudamos a nosotros mismos, ya que recibimos mucho cariño, sus logros nos alegran porque son nuestros también. La realidad nos muestra que estas acciones son replicables, ya que hay miles de Asociaciones civiles, ONGs, ollas populares y merenderos en el país.”

Sí, es posible…

Historias como estas nos demuestran que es posible encontrar personas que dedican su tiempo a acciones solidarias y son dignas de admirar. Todos los jueves a las 21 hs los vecinos organizan la olla comunitaria, y quien desee puede sumarse. Por último, comparto con ustedes las razones personales que uno de los colaboradores nos comentó acerca de por qué piensa que en este tema no todo esta perdido: “Porque nadie hace nada sin un por qué. Porque quien tiene un por qué encuentra un cómo. Porque ante el cómo se corre la nada. Porque al inquietarse la nada tomamos conciencia de que todo va y viene, que todo tiene una componente de ser y nada. Porque intuimos que esa nada es la condición de la libertad de las cosas, de todos los seres. Que los seres no logran desplegarse por innumerables condicionamientos. Porque en esa línea todo condicionamiento podría condicionarse. Porque nosotros somos apenas un momento de algo mucho más grande que nos incluye y arrastra, y que, como nosotros, brega por conservarse en el ser… Porque quién iba a pensar hace 20 años el despliegue que tuvieron las comunicaciones, la tecnología al alcance de todos que desemboza las hipocresías de los hombres correctos; que en pleno 2011 un grupo de indignados europeos intenten algo que por acá es una pieza de museo y una de sus mejores hilachas sea la que hoy nos marca los jueves. Que un volcán perdido iba a toser e íbamos a cambiar el invierno de los skies por la pala y la escoba. Que una ola perdida le enrostraría al Japón sus cambios de máscara, la traición a la sabiduría y los monasterios. Porque confiamos en el efecto multiplicador misérrimo anónimo e irreconocible de los pequeños gestos. Porque en definitiva no sabemos nada y no hay nada que perder. Porque nada se pierde sin transformarse, todo lo que en el camino perdamos le vendrá bien a alguien.

* Si desea brindar ayuda al Comedor de Barrancas y/o a su Taller de Apoyo escolar comuníquese con sus colaboradores a la siguiente casilla de correo: comedoresdebelgrano@gmail.com

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Daniela Rosito

Estudió Letras en la Universidad de Buenos Aires (UBA), colabora en el blog de Idealistas.org; Es titular del grupo voluntario para promover la lectura “Leamos un libro”, encargándose de la diagramación de actividades y de la coordinación de muchas de ellas, entre otras tareas de organización del grupo. Profesora de Lengua y Literatura y dicta talleres literarios.