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Emprendedores: encontrando la felicidad fuera de la norma

Elena Martín

Imagen de Óscar Pérez en uno de sus proyectos de HolaGhana

En ciertos lugares del planeta se tienen necesidades. En otros, nos las creamos. Mientras unos pasan hambre, otros se van dejando atrapar por un sistema basado en crearnos esas necesidades que tratamos de satisfacer con cosas materiales y que damos en llamar ¿felicidad?.

Óscar Pérez contaba con un futuro que a muchos les parecería prometedor. Su espíritu emprendedor y sus ganas de aprender le llevaron a montar su propio negocio, viajar al extranjero para mejorar su inglés y acabar trabajando para una compañía de renombre que pronto le haría darse cuenta que estaba en el camino equivocado. Óscar es otro ejemplo de cómo dar es la mejor riqueza que existe. Hoy nos cuenta cómo cambió el trabajo en una multinacional por la labor en el terreno a través de la ONG que él mismo puso en marcha: “Hola Ghana”. Tras ser voluntario y ver la necesidad de cerca, encontró la oportunidad que cambiaría su vida para siempre. Él mismo nos lo cuenta.

¿Qué fue lo que originó la idea de crear Hola Ghana? ¿Dónde viste un problema, una carencia?

"Me convertí en joven emprendedor con 21 años montando un café-bar. ¡Fue como hacer un máster! Después residí en Londres y Nueva York con objeto de mejorar mi nivel de inglés. Trabajé en American Express durante dos años en Madrid pero tomé la decisión de dejarlo porque no me movía otro interés que el económico, para cubrir las necesidades que me había creado. Entonces me dediqué a reflexionar y pensar qué deseaba hacer con mi vida durante un mes, en el Camino de Santiago. Todo cambió cuando durante mi peregrinación conocí a Mamen. Quedé impresionado por su amor hacia los demás y sus experiencias de voluntariado de Burundi y la India. Pude apreciar la falta de oportunidades en esas sociedades para que los niños desarrollen su potencial. Decidí seguir mi destino y viajar a África para aportar mi granito de arena. Invertí todos mis ahorros en un viaje de voluntariado en Ghana. Tras pasar unos meses con los niños del orfanato y visitar la comunidad de donde procedían, pude apreciar el antes y el después de un proyecto de cooperación y empecé a creer que un cambio era posible. Entonces cobró forma la idea de devolver a esos niños desfavorecidos todo lo que me habían aportado, porque lo que me ha quedado claro es que en cualquier viaje de voluntariado te llevas más de lo que aportas y el que diga lo contrario creo sinceramente que no ha entendido nada en su viaje".

¿Qué te movió a pasar a la acción?

"En primer lugar la figura de mi madre, Cándida. Es la persona que más quiero en este mundo y estuve a punto de perderla por una enfermedad tan extendida hoy como es el cáncer. Es la persona más solidaria que conozco, pero no por viajar a África o ser socia de dos o tres organizaciones, sino por dejar de vivir su vida para ayudar a su familia. En un momento concreto de mi primer viaje a África, sentí que lo que estaba haciendo servía de algo y que mi actividad era útil, parece que todo cobraba sentido. Me acordaba de lo afortunado que había sido por tener el cuidado de una madre y creo que simplemente encontré mi vocación, ofreciendo cariño a unos niños procedentes de una de las comunidades más pobres de la capital. Fue entonces cuando por las noches me puse a preparar un proyecto que después tuve ocasión de presentar a la directora del orfanato y acordamos establecer una colaboración juntos. La decisión que debía tomar era pasarme el resto de mi vida viajando como voluntario y esforzándome para ayudar en la medida de mis posibilidades y con mis limitaciones, o podía intentar dar luz a estas organizaciones locales cuya gran labor no se corresponde con su pequeño tamaño y buscar apoyos para conseguir desarrollar proyectos para la infancia. Creo que ya conocen la respuesta".

¿Cómo te sientes trabajando y dedicando tu tiempo a una causa como esta?

"Me siento un privilegiado. En primer lugar por haber encontrado de nuevo ilusión en mi vida, tengo que decir que desde que comencé a trabajar siempre lo he intentado, he tratado de buscar mi lugar y encontrar algo que me llenase. También por otra parte, me siento egoísta en el sentido que mi esfuerzo se ve recompensado y me hace sentirme bien. Por un momento, he podido despertar y darme cuenta, que no se trata de vivir para uno mismo y que lo importante es compartir. Con éste sueño que persigo estoy completamente seguro de que no tengo nada que perder, pues si con el tiempo no consigo los apoyos para seguir realizando proyectos, las experiencias y los cambios conseguidos hasta la fecha perdurarán y merece la pena intentarlo. Nada más recomendar a la gente que no encuentre un sentido a su vida, que se dé una oportunidad y aprenda de unas sociedades mucho más desarrolladas que la nuestra en cuanto a FELICIDAD se refiere".

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Si algo no te gusta, puedes quejarte o puedes intentar hacer algo. Para nuestra serie ‘Emprendedores’ buscamos gente que vio en un problema o en una necesidad, su oportunidad de pasar a la acción. ¿Tienes o conoces a alguien con un emprendimiento social que desee compartir?. Contarlo puedes servir no solo de inspiración para otros, sino de réplica. Escríbenos: es_blog@idealistas.org

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Elena Martín

Editora del blog de Idealistas.org, coordinadora de nuestro fantástico grupo de colaboradores. Modero la comunidad de usuarios de sitio en español y trabajo para hacer de Idealistas.org la web de referencia para todos los que quieren aportar su granito de arena al cambio.