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¿Puede la tecnología deshumanizar al ser humano?

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Adriana Cárdenas

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La tecnología no solo está cambiando la manera en que nos comunicamos, sino como pensamos. No consumimos información como antes, no la buscamos como antes, ni prestamos atención de la misma manera. Las búsquedas en internet son cada vez más rápidas, y la información es determinada por terceros. Las bibliotecas han pasado a un segundo plano, también los encuentros cara a cara y todo lo que conocíamos antes. Todo esto ha generado un cambio en la forma en que pensamos y analizamos la información.

¿Cuál es la conversación que debemos tener sobre el tema?

Estas son algunas situaciones que el foco excesivo que le estamos dando a la tecnología no nos permite ver o aceptar:

1. La tecnología debe servir a la gente, no al contrario

Vivimos pensando que la tecnología es la clave para solucionar todos los problemas de la sociedad. Y si bien, no podemos negar que en muchos aspectos ha sido y es una herramienta muy útil. Estamos innovando por el hecho de innovar (porque hay que hacerlo), dejando de lado el componente humano. La innovación debe ser el medio pero no el fin, asegura Regine Guevara, miembro de la iniciativa Local Pathways de UN Habitat Youth.

El mundo se está preocupando más por romper la brecha digital que luchar contra la desigualdad. Aunque parte del problema en la actualidad es la falta de voz en medios digitales, este foco está desviando nuestra atención a las prioridades del ser humano. Un ejemplo concreto son los asentamientos de refugiados, que como dice Regine, buscamos la manera en que estos campos de refugio tengan acceso a internet y así habilitar la conexión con el mundo, pero no nos detenemos a pensar que el objetivo principal no debería ser que puedan acceder a la tecnología, sino que puedan reinsertarse de nuevo a la sociedad, que puedan acceder a derechos básicos como la educación y a ser parte activa de una sociedad. El drama de muchos campos de refugio es evidente. Sin embargo, parece que la tecnología está convirtiéndose en el fin y no en el medio. Esta realidad nos debería cuestionar: ¿estamos focalizandonos realmente en lo importante? 

2. Comunidades digitales, sin personas

En el mundo digital somos un número con muchos datos. Esto puede ser muy peligroso si quienes poseen estos datos es un grupo selectivo de personas. No solo pueden predecir dónde estamos, qué hacemos, qué nos gusta, qué pensamos, entre muchas otras cosas. Sino que pueden deshumanizar al ser humano, centralizar el poder y construir sociedades en las que sea más importante ser aceptado digitalmente, que socializar con el vecino.

La serie británica ‘Black Mirror‘, expone un poco esta situación, aunque es ciencia ficción, no dista mucha de la realidad. Esta serie nace como una crítica al excesivo uso de la tecnología y las implicaciones que puede traerle al ser humano. En uno de sus episodios cuestiona el futuro de las redes sociales, cómo pasamos de juzgar a las personas por quienes son, para juzgarlas por el número de ‘me gusta’ que tienen en sus cuentas sociales.

Parece que no estamos tan lejos de la ficción. Juzgamos al otro por la rapidez con la que contesta nuestros mensajes en Whatsapp, por el tipo de fotografías que comparte y su ‘identidad’ digital. Esta realidad nos debería cuestionar: ¿estamos creando sociedades digitales, sin personas?

3. La tecnología puede ser tan adictiva como el alcohol

Hablamos de la adicción al alcohol, a la comida, al trabajo o a las drogas, pero poco o nada de la tecnología. Sin embargo, lo es. Se llama Tecnofilia, una condición en la que las personas dependen en forma excesiva del uso de la tecnología, a tal punto que no se pueden separar de ella. A pesar de esto, ni los gobiernos ni las empresas hablan y mucho menos toman acciones relacionadas a esta problemática.

“El incentivo es atrapar nuestra atención y monetizarla a través de contratos publicitarios, sin importar lo bueno que sean para los humanos. Debemos girar el objetivo hacia el bien común y exigir responsabilidades a los líderes de la industria”, dice Tristan Harris, ex ingeniero de Google e impulsor de la nueva campaña, lanzada en Washington.

Common Sense Media, una ONG que promueve la seguridad en las redes, asegura que la tecnología tiene que regularse. No solo porque está generando problemas sociales graves, sino porque la tecnología es un producto que como cualquier otro debe estar regulado, más aún cuando su mal uso o su uso excesivo causa problemas serios como depresión, aislamiento social, ansiedad e incluso el suicidio. Esta realidad nos debería cuestionar: ¿qué papel le estamos dando al ser humano en la era digital?

La tecnología nos brinda un sin número de posibilidades, podemos comunicarnos más rápido, llegarle a más personas, conectarnos, difundir realidades e información en cuestión de segundos. Sin embargo, la pregunta sería si nos está ayudando a hacerlo mejor. La herramienta está allí para que nosotros como seres humanos, hagamos uso de ella, con conciencia, ética y con los ojos abiertos a la realidad. La tecnología es un medio que podemos potencializar, pero no todos los medios justifican la causa.

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Adriana Cárdenas

Desde mi trabajo como voluntaria ayudo a personas que no tienen acceso al sistema de salud en Nueva York traduciendo de inglés a español y vice versa eventos de salud gratuitos y gestionando actividades de divulgación. A su vez, coordino los medios sociales de la organización a la que sirvo.